VISIÓN DE NEGOCIO: EL ÉXITO A MEDIAS

Cuando tuve que describir de modo conciso las cualidades principales que debe reunir un directivo, siempre lo hice con dos frases: VISIÓN DE NEGOCIO y GESTIÓN DE LOS RECURSOS Y CAPACIDADES.

Hoy ahondaré en la primera de ellas (visión de negocio). De entrada parece que el palabro no requiere demasiada explicación: por visión de negocio debemos entender aquella capacidad del empresario para saber leer e interpretar el futuro, comprender qué cambios se avecinan (amenazas y oportunidades) y saber tomar las medidas necesarias para amoldar la empresa a ese porvenir.

Ciertamente los directivos tienen mucha inquietud por esta cuestión. Las empresas contratan a grandes “visionarios”, los estrategas cotizan más caros que el barril de petróleo y la innovación está en el punto de mira de todas las organizaciones. Todo perfecto. La pregunta es la siguiente: ¿la visión de negocio es suficiente para asegurarse un futuro sin sobresaltos? Yo creo que no. Es condición imprescindible pero no suficiente.

Con una buena visión de negocio podemos llegar a detectar oportunidades que otros no ven. Lo complicado viene después: ¡¡apostar por ellas!! Las oportunidades y la innovación conllevan una alta dosis de incertidumbre, por lo que detectarlas o encontrarlas (respectivamente) sólo es una gran parte de la misión de un emprendedor con inquietud, pero no lo es todo. A continuación hace falta tener mucho coraje y valentía para apostar por cuestiones que todavía no están suficiente probadas ni demostradas.

Hoy escuche una videoconferencia de un colega en linkedin (Ronald Stern) y, entre otras muchas cosas sustanciales, nos planteó la pregunta de por qué los empresarios de ferrocarril a principios del siglo pasado en EE.UU. no vieron una amenaza en los hermanos Wright cuando éstos consiguieron hacer volar su primer aeroplano. Responder a esto sería imposible ahora (no podemos ponernos en la cabeza de aquellos ilusos directivos de las mejores empresas de tren), pero agradezco la pregunta de Ronald porque gracias a ella nació mi reflexión de hoy. Muchas veces no es que no adivinemos qué nos puede deparar el futuro, es que muchas veces, aún viéndolo, no somos capaces de tomar las medidas adecuadas por el simple hecho de que no nos creemos que aquello que intuimos pueda acabar siendo una amenaza real (o una oportunidad).

Pondré otro ejemplo más actual que también salió a relucir muy acertadamente en el debate: los empresarios de las discográficas llevan años viendo como su negocio disminuye por culpa de la música digital. Y lejos de tomar decisiones valientes consistentes en acomodar su negocio a las nuevas circunstancias, muchos de ellos están impasibles viendo venir la avalancha y confiando que el daño no sea tan grande como se dice. Están protegiéndose en cánones y chorradas de este tipo, como quien se protege detrás de un árbol cuando viene la avalancha de nieve. Visión de negocio, sí, pero valentía para acometer cambios rotundos en su negocio, no.

Norton y Kaplan ya lo decían a finales de los 90: nueve de cada diez estrategias fallan en su implementación, no en su formulación. Traducido a mi “lenguaje” de hoy, viene a decir que la visión de negocio por sí sola no sirve de mucho si luego no se tiene la valentía y el coraje suficiente para acometer los cambios. Y probablemente aquí es donde fallan muchos directivos y muchas empresas (por extensión): ponen todo su énfasis en la visión pero se olvidan de la implementación.

En conclusión: una buena visión de negocio es insuficiente si quien la posee carece de otras cualidades que se pueden resumir de un modo muy claro: “tener agallas para aplicar los cambios cuando todavía nadie apuesta por ellos”.

Feliz jornada de viernes a todos

fIRMA SOCIAL BUSINESS

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