Malditos pupitres

En mi anterior post describí el entorno actual como complejo, dinámico, impredecible, desconcertante..., (siga agregando aquí más adjetivos). Y lo que debemos asumir es que eso va a seguir siendo así de por vida, sobre todo teniendo en cuenta que vivimos en una era tecnológica y del conocimiento en donde la aparición de nuevos productos y servicios seguirá a un ritmo vertiginoso y ello impactará sobre las empresas ya instaladas, para quienes no habrá momento de tregua. Pero las personas tampoco están exentas de problemas: sus puestos de trabajo sufrirán modificaciones y en muchos casos, desaparecerán para dejar lugar a nuevas profesiones. Es por ello que debemos prepararnos para asumir retos nuevos y constantes, y para hacer frente a un entorno que nos sobrepasa. Una de las claves para entender la situación y acomodarse a ella es hacerlo en colectividad, de modo cooperativo con otras empresa o personas, pero ello nos obliga a reeducar ese comportamiento individualista y competitivo que llevamos inculcado desde la infancia.

El entorno me confunde

En el ámbito de los negocios existe un consenso generalizado de que algo ha cambiado para siempre. Cada uno le llama de su manera: el entorno es más competitivo, el entorno es incierto, el entorno es cambiante, impredecible..., pero sea como sea que le queramos llamar, lo cierto es que el entorno no funciona bajo las reglas del pasado. Podríamos hacer una analogía comparándolo con un juego de cartas en donde se han modificado las reglas de juego y los participantes ya no saben qué carta tienen que echar para sacar adelante la estrategia de ganar la partida. Lo que toca es aprender las nuevas reglas.

Al carajo el conocimiento

En los procesos de selección de personal se sondean, entre otras cosas, dos cuestiones muy importantes: conocimientos y competencias. Por conocimientos entendemos todo aquel saber que la persona fue acumulado en su etapa formativa, mientras que el concepto "competencias" nos lleva a un terreno más cercano a la aplicabilidad y a las habilidades para poner en valor todo lo que uno sabe. Pensando en este nuevo periodo al que nos enfrentamos, ¿se atisba algún cambio de "paradigma" que guarde relación con estos conceptos? Pues sí; veámoslo.

De toda la vida asumimos que el conocimiento se adquiere en una etapa formativa y que contribuye a que seamos capaces de alcanzar una alta cualificación profesional. Por esta razón, los procesos de selección "clásicos" le dan muchísima importancia a la selección de personas técnicamente muy formadas, criterio que llevado al máximo extremo está dando entrada a candidatos sobrecualificados para el puesto de que deben desempeñar. Las empresas quieren eso: empleados que tengan un amplísimo conocimiento técnico y puedan aplicarlo en los procesos que van les toca ejecutar.

Reconversión laboral y efecto supermercado

Frente a las tiendas "tradicionales" -en las que los clientes solicitaban la mercancía y los dependientes se la mostraba-, los supermercados trasladaron "la carga del trabajo" hacia el propio cliente, dejando que fueran ellos mismos los que buscaran en los estantes aquello que necesitaban comprar y seleccionaran sus propios productos. El cambio supuso ventajas para ambas partes: los clientes podían ojear tranquilamente los productos (sin la "presión" del dependiente) y los establecimientos ahorraban costes de personal.

Nos hemos acostumbrado a este tipo de proceso de compra y hoy lo vemos como algo normal, no sólo en los supermercados, sino en las tiendas de ropa, de electrónica, etc. Durante muchos años, las ofertas de trabajo en estos establecimientos quedó relegado al puesto de cajero y reponedor, básicamente. Pero ahora estamos sufriendo una nueva revolución de mano de las nuevas tecnologías. Les cuento algunos casos:

el riesgo de trabajar por cuenta ajena

Qué es más arriesgado: ¿emprender o trabajar por cuenta ajena? Hace años la respuesta estaba clara pero de un tiempo a esta parte las cosas han cambiado mucho y hoy, a poco que reflexionemos, veremos que no es "oro todo lo que reluce".  Nos educaron con unos preceptos que dicen que...
  1. Los emprendedores son los que arriesgan su capital, su tiempo, y hasta su vida personal
  2. Las personas que trabajan para ellos no arriesgan nada. Solo cambian su dedicación por dinero, pero no asumen riesgos.
Ahora pongamos estas premisas en los tiempos actuales y reflexionemos sobre...
  • Las personas que trabajan para terceros están supeditando sus ingresos a la voluntad de terceras personas. Mientras ellas quieran mantenernos en plantilla, tendremos dinero a fin de mes, pero...¿qué pasará el día que quieran prescindir de nosotros? ¿Y si esa decisión nos pilla con cuarenta o cincuenta años? Cualquiera de nosotros tenemos miles de ejemplos de personas de nuestro entorno que tienen su futuro de color negro alquitrán porque un buen día apostaron por trabajar para otros y esos "otros" decidieron prescindir de ellos. Confiar en tener un puesto para toda la vida, además, supuso que abandonaron su desarrollo profesional (¿para qué?) y ahora que pintan bastos se dan cuenta que están obsoletos, "fuera de mercado".

Así nos comunicamos en el siglo XXI

Estaba viendo un video en youtube y se me ocurrió leer los mensajes que aparecían publicados en la parte de abajo. El primero decía lo siguiente (lo he copiado y pegado, para no modificar ni una coma):

"ola, me gustaria saber cuando bendras ha MURCIA"

Ocho palabras, cinco de ellas con faltas de ortografía. ¿De verdad que todavía tenemos este nivel cultural en este país? Y no estoy hablando de una persona aislada del mundo, que viva en una aldea remota sin acceso a fuentes de información; estoy poniendo el ejemplo de una persona que cuenta con un ordenador, sabe lo que es youtube y tiene interés por la buena alimentación (motivo del video en donde está recogido su comentario). ¿Cuántas veces ve una persona así escrita la palabra "hola" a lo largo de la semana? Que alguien no sepa si "absorber" va con dos "bes" o con alguna uve podría ser disculpable. No es una palabra que escribamos a veamos cotidianamente. ¿Pero "hola"? ¿A estas alturas todavía no sabemos escribirla?

¿Se imaginan a esta persona trabajando para una empresa de cara al público? ¡¡Menuda imagen!! Imagínense ustedes que mañana reciben un escrito de cualquier empresa escrito en estos términos: cinco faltas de ortografía de cada ocho palabras escritas. ¿Cómo se les "quedaría el cuerpo"? ¿Se dan cuenta de la imagen que va dando de sí misma y de las empresas que representa, si fuera el caso? De verdad, no salgo de mi asombro de la poca vergüenza que tiene alguna gente. Uno puede ser ignorante, pero coño... ¡¡no lo demuestres!!

"hatentamente"  :-)

Cómo mejorar la sociedad en la que estamos

Uno de los principios por los que se rige mi vida dice así:

Si te giras para mirar el pasado, pierdes de vista el futuro

Se trata de enfocarse hacia lo que podemos hacer en lugar de lamentarse por lo que pudo haber sido o lo que no hicimos. 

Esta frase tiene una excepción, obviamente. Hacia el pasado conviene mirar el tiempo justo para sacar conclusiones de lo sucedido, pero nada más. Sería como decir que hacia atrás solamente deberemos ir el tiempo justo para coger impulso y poder saltar el siguiente listón. Una vez hecho esto, no vale la pena estar más tiempo con la cabeza girada porque a donde realmente debemos orientarnos es hacia lo que nos queda por vivir

¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos mejorar nuestra vida y la de nuestro entorno? No olvidemos que mejorando lo nuestro, mejoraremos una pequeña parte de la sociedad en la que vivimos. A esto, precisamente, es a lo que quiero dedicar el artículo de hoy. ¿Podemos poner nuestro granito de arena para lograr una sociedad mejor?

El que asume riesgos se lleva el premio gordo


Me siento afortunado; mi trabajo al lado de emprendedores y personas que buscan su desarrollo profesional me está dando la oportunidad de rodearme de personas que irradian felicidad y entusiasmo. ¿Y qué conclusión puedo sacar de esta experiencia? Que la vida premia dos cosas: al que se arriesga y al que innova. 

Veamos un ejemplo conocido por todos: Steve Jobs. Frente a miles de personas a las que jamás se les hubiera ocurrido lanzar un teléfono móvil en un mercado repleto de terminales, Steve Jobs tuvo la valentía de hacer una propuesta diferencial, innovadora y arriesgada. ¿Y cómo le respondió la vida? Con un gran premio: se llevó todo el mercado y mandó a tomar "por saco" a los Nokia, Motorola, Ericsson... 

Indígnese, coño !!!

Claro que sí. Indígnese. Cabréese. Proteste. No se quede impasible ante las cosas que no le gustan. Haga lo que esté en sus manos para cambiar lo que no funciona bien. Eso sí: indígnese "con sentido común" ¿Que quiero decir con esto? 

Es sabido que nuestros pensamientos condicionan nuestras emociones y nuestro comportamiento. Si nos enfocamos a pensamientos negativos (indignación) veremos como afloran emociones del mismo signo (ira, tristeza) y como nuestro comportamiento se vuelve pasota y nos invade una enorme sensación de impotencia. Y lo que es peor; la sobreexposición continuada a estas emociones negativas va a tener secuelas en el estado físico, no sólo en el anímico. Podremos padecer malestar de estómago, quizá alguna úlcera, psoriasis, quizá nos comience a caer el pelo, podríamos incluso desarrollar un tumor, etc. Todo esto está comprobado científicamente. 

Ganadores y perdedores

En el mundo de los negocios y en la vida en general, lo usual es asociar el término "ganadores" a aquellas personas que tienen éxito y, por contra, "perdedores" a los que fracasan cuando se plantean un reto. Me parece una simplificación muy burda de las cosas y, para colmo, echar un semilla para estigmatizar a quien tiene ansias de mejora y se plantea retos de superación. Si a todo el mundo que no logra sus objetivos le ponemos la etiqueta de "perdedor", poco a poco iremos haciendo que cada vez haya más personas acomodadas que no se plantean prosperar por miedo al rechazo y a la vergüenza derivadas de su hipotético fracaso. Como decía una sabia frase...


Veamos otra interpretación posible de la dicotomía ganadores/perdedores: