La matriz de la confianza


Partiendo de una frase muy manida que dice que la confianza es la clave para remontar situaciones complejas (como esta crisis), voy a presentaros una matriz para testar en qué nivel de confianza o autoconfianza estamos. Las variables son bien sencillas: confianza en nosotros mismos frente a confianza en los organismos públicos, aquellos que -al igual que nosotros- también tienen capacidad para tomar medidas que nos ayuden a salir de ésta. Del cruce de las variables nos resultan los cuatro cuadrantes siguientes:




A) PERSONAS QUE CONFÍAN EN SÍ MISMAS Y TAMBIÉN EN LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS.

¿En dónde están? Necesitamos que "den la cara" y se erijan en líderes "espirituales" para el resto de la sociedad. Necesitamos que contagien a los demás de todo ese entusiasmo. Es el momento de que personas con tan alta dosis de confianza e ilusión se conviertan en la energía que saque de la apatía al resto de ciudadanos. No lo digo en broma ni con ironía. Nunca tanto como hasta ahora necesitamos el afloramiento de personas entusiastas.

B) PERSONAS QUE NO CONFÍAN EN SÍ MISMAS NI EN LOS GOBIERNOS

En crisis tan severas y largas como esta no es extraño encontrar gente desesperanzada que haya perdido la fe en todo lo que le rodea e, incluso, se vea incapaz de hacer nada por si misma que mejorar su situación. Están contagiadas del pesimismo general y sumidas en una profunda depresión. Constituyen el caso contrario al optimista "antropológico" del punto anterior y, sinceramente, tienen un serio problema de salud que deben mirárselo. Están quemadas y necesitan encontrar ayuda externa que les haga ver las cosas de otro modo, cuando menos. Mis mejores deseos para ellos, en primer lugar, pero también mi pequeño puntapié para que despierten del letargo y busquen alguna luz en el largo túnel, que siempre la hay.

C) PERSONAS QUE CONFÍAN EN SÍ MISMAS PERO NO CONFÍAN EN LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS.

Es un caso más realista que el a), el "optimista antropológico". Y digo que es más realista a tenor de los datos que periódicamente nos ofrece el CIS, en donde recurrentemente salen reflejados los políticos como el segundo problema que más preocupa a los ciudadanos. No es de extrañar, por tanto, que haya una buena parte de la población que haya perdido la confianza en los poderes públicos y esté procurando solventar sus problemas de espaldas a ellos, mirando hacia adentro, haciendo cosas por sí mismos al margen de lo que pasa por fuera.

Lo interesante de este grupo de personas es que no se dejan arrastrar por el sentimiento pesimista generado por la falta de acierto de las instituciones y no están apuntadas al "club de la queja" como práctica general: confían en sus capacidades para afrontar los problemas y las están poniendo al servicio de un objetivo personal. En este grupo están todos esos emprendedores que, en momentos tan convulsos, tienen el coraje suficiente para apostar por ellos y por su desarrollo profesional, luchando contra corriente.

Si nos ajustáramos a lo manifestado en el artículo de ayer, serían personas que, aplicando su instinto de adaptación, encontraron oportunidades de negocio en el medio de la tempestad y apostaron por ellas. En España necesitamos de gente así, que es la que granito a granito pondrá los pilares que nos sacarán de esta situación. Esa es la buena actitud ante los problemas: comprenderlos, asumirlos, buscar alternativas y ejecutarlas. Sin quedarse cruzado de brazos esperando que sean los demás quienes nos solucionen la vida.


D) PERSONAS QUE NO CONFÍAN EN ELLAS MISMAS PERO SÍ CONFÍAN EN LAS INSTITUCIONES (en los demás)

Dicho así suena un poco extraño, pero reformularé la cuestión para que la comprendan mejor. ¿Cuánta gente en este país está cruzada de brazos, quejándose todo el día y esperando (¡¡y exigiendo!!) que los Gobiernos tomen las medidas acertadas para salir de la crisis? ¿Y si los gobiernos no lo hacen? ¿Cuánto tiempo más podrán aguantar así?

Seguro que todos tenemos a nuestro alrededor a alguna persona que se ajusta a estas premisas. Son personas que perdieron la fe en sí mismas (o que nunca la tuvieron) y por eso no son proactivas en la búsqueda de soluciones. Tienen puntos débiles (¡¡como todos!!) pero los magnifican hasta tal punto que los ven como un lastre para salir a flote; están cargados de prejuicios o, como se dice ahora, de "creencias limitantes": la edad, la formación, la falta de experiencia en otros ámbitos diferentes a lo que hicieron "toda la vida", la incapacidad para emprender, el miedo al fracaso...

Se aferran a la esperanza de que serán los Gobiernos vía decreto-ley los que les solucionarán la papeleta y mientras eso no sucede, permanecen impasibles, contemplativos, desconcertados, noqueados. Si volvemos al artículo de ayer, serían personas que están usando su instinto de supervivencia (no el de adaptación): atacando (buscando culpables para así sentirse desahogados moralmente), huyendo (quejándose todo el día) o permaneciendo paralizados por el miedo. Especialmente esto último

El mensaje para estas personas es claro: deben salir del grupo D y pasar rápidamente al grupo C, esto es, recuperar la autoconfianza que perdieron en sí mismos y no confiar tanto en que los demás sean los que les aporten las soluciones a sus problemas. Se olvidan que su futuro sigue dependiendo de lo que ellas decidan hacer por sí mismas, y esto es un olvido "mortal de necesidad". Tienen que volver a ser dueños de sus vidas y de sus decisiones. Tienen que entender que cada uno tiene, en algún lugar escondido, un talento o una capacidad diferenciadora sobre la que construir un proyecto. Hay que buscarla y hacerla aflorar, a veces con ayuda de terceras personas. Todos valemos para algo, somos buenos en algo. ¿En qué lo eres tú?, sería la pregunta. ¡¡Descúbrelo y explótalo!! Toma tus decisiones en base a ello y construye tu futuro desde aquí, desde cero. Nadie lo va a hacer por tí.


CONCLUSIONES

A tenor de toda esta disertación, mi conclusión es muy simple y rotunda: las personas realmente valiosas para un país son las que creen en sí mismas. Esas que no esperan que nadie resuelva las cosas, se adaptan a las circunstancias (por muy duras que sean) y buscan la salida que siempre existe. Los otros, los que confían en que sean otros los que les marquen el camino, pierden mucho tiempo en la espera y además corren un serio riesgo de sentirse defraudados. Cualquier país necesita mucha gente proactiva que empuje hacia adelante por insignificante que pueda parece ese empujón; será el agregado de todas ellas lo que haga evolucionar a la sociedad y la sacará de foso en donde ahora mismo está sumida.

No esperemos nada de nuestra clase dirigente: ellos viven confortablemente y están a otra cosa. Si al final aciertan en algo, mejor que mejor, pero si hierran, sus fallos no repercutirán en nosotros porque nosotros ya estaremos "pavimentando" el camino que nos llevará hacia donde elegimos llegar.

Finalizo; no estaría de más someter a todos los españoles a este simple test y determinar en qué nivel estamos a nivel agregado, a nivel de nación. Sería una simple operación matemática que nos permitiría intuir si tenemos o no posibilidades de salir adelante en el corto plazo: del lado que suma están los que creen en sí mismos y están haciendo cosas para salir adelante, aportando su granito de arena a la microeconomía del país. Instinto de adaptación, según la clasificación de ayer. Del lado de la resta están los que siguen cruzados de brazos, quejándose de lo mal que van las cosas y del "frío que hace por ahí afuera". Instinto de supervivencia.

Mi impresión es que el segundo sumando pesa más que el primero, por lo que el resultado final de la operación sale negativo. El día que consigamos que las personas cambien de signo, (esto es, aumenten su confianza en los demás y se "activen" sin esperar que sean los demás quienes lo hagan) ese día entraremos en signo positivo y de una vez por todas, habremos acabado con la crisis.

¿En qué cuadrante estás tú? 

Cordialmente

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